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05 agosto, 2010

Cuecas Bravas

BAUCHA
Baucha se llama Luis Araneda y no “Bautista”, como haría suponer su alias. No sabe cuándo lo comenzaron a llamar por ese nombre, pero indudablemente se siente cómodo y plenamente identificado con él, desde que tiene uso de razón.
Cuando don Luis era un niño de 5 años, su padre, dueño de una flota de carretones de carga, diariamente alineaba sus vehículos a lo largo de un sólido muro de ladrillos, que separaba la calle de la vía férrea, al costado poniente de la Estación Central.
Junto a sus dos hermanos mayores, Baucha hacía un trío de voces, muy celebrado por los transeúntes y comerciantes del sector. El menor de los Araneda derrochaba talento, sorprendía a los grandes con su personalidad y prometía ser algo más que el niño cantor de la calle Borja.
¡Sandías con canto! ¡Sandías con canto! gritaban los chacareros. Bauchita, encaramado en los carretones, entonaba melodías entre un cerro de frutas recién llegadas del campo. Las cuecas eran el alma del barrio y Baucha las cantaba con virtuosismo, tañando con sus pequeñas manos sobre cualquier superficie de madera o lata.
Aunque la calle y la Estación han cambiado significativamente en estos casi ochenta años que demarcan la vida de nuestro cantor, parte del muro frente al cual los Araneda instalaban sus carretones, aún se mantiene en pie. Son unos 30 ó 50 metros, atiborrados de placas de bronce y mármol, mensajes de gratitud, muchas flores marchitas, santos de yeso, fotografías y láminas religiosas. Todo cubierto por el hollín negrusco de las velas, que se derraman como un tapiz de cera sobre la vereda bendita y milagrera.
El muro guarda la memoria de Romualdito, animita de alguien que al perder su vida terrenal, se quedó para siempre entre el ladrillo y el cemento, en el aire, de ese tramo urbano, para apoyar a los desvalidos y curar a los enfermos. Aunque pocos saben quién fue, cuándo y cómo falleció, no hay nadie, ni el alcalde más osado, ni un urbanista modernizador, ni menos algún obrero de demolición, que se atrevería a tumbar el muro sagrado. Hoy, rodeado por un amenazante mega mercado y el ruido ensordecedor de motores en marcha, el muro se eleva como vestigio de la ciudad que Baucha nos relata. Una ciudad que ya no existe, de calles empedradas, vehículos tirados por caballos, de cantinas repletas de rotos atrevidos, cuchillo al cinto y una ramita de albahaca en la oreja, hombres bravos y pendencieros que se jugaban la vida en cada vuelta, al ritmo de la cueca tamboreada y estridente.
Los niños Araneda observaban por las ventanas de los bares o las casas de remolienda, escuchaban a los hombres agrupados en las esquinas, e intuían que en este ritmo y ese canto había un legado y un destino. Bauchita, soñaba con ser cantor de los grandes, y junto con memorizar versos y practicar la improvisación de melodías, retenía los nombres legendarios que servían de referente a un cantor principiante: el Negro César, el Cojo Paliza, Carlitos Godoy, el Chute Mandiola, Pedro el Guapo, el Preso del Puñal...
El niño no sabía que algún día sería el más grande entre los grandes, una leyenda viviente que representaría aquel mundo distante y romántico del que sólo quedarían un muro ennegrecido, su presencia intachable y esa voz que no envejece.
Es en esta calle San Borja, sobre estas mismas cuadras, donde nace, transita y aprende el drama de la vida Esmeraldo, personaje principal de Joaquín Edwards Bello en su clásico de la literatura: El roto. Un antecedente para reforzar el intento de reconstruir mentalmente los paisajes y personajes que modelaron la infancia de Bauchita.
 Por : Mario Rojas

 
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LAS CAPITALINAS


Nacidas en la comuna de San Bernardo, el año 2001, Las Capitalinas han recorrido un camino lleno de respeto y pasión por el folclore chileno, y es en este esperado cuarto trabajo donde el cuarteto se abre hacia ritmos afro emparentados a la raíz misma de nuestro baile nacional.
La carrera de la banda ha estado llena de satisfacciones desde sus orígenes. Fue el Festival de Quilaco, al sur del río Bío-Bío, el escenario del exitoso debut de este cuarteto. En el certamen ganaron el segundo lugar, un gran logro para unas muchachas que recién incursionaban en público.
Habían sido elegidas meticulosamente por el destacado acordeonista Ignacio Hernández para armar un grupo femenino de cueca. Han pasado 8 años desde aquella primera selección y hoy Las Capitalinas se han abierto un camino donde se ha destacado su gran capacidad de complementarse como una banda afiatada y desafiante que rompe con la rutina del folklore nacional.
En estos años de trayectoria, ha habido cambio de integrantes pero siempre ha permanecido la premisa de innovar en un género musical muchas veces encasillado respecto a fondo y a forma. Ciertas folkloristas tradicionales señalaron despectivamente que sólo era un grupo de niñas jóvenes y bonitas. Algunos de sus primeros admiradores restaron sus aplausos porque “eso que ustedes hacen no es cueca”. De las primeras opiniones, ellas se ríen con picardía, y de los últimos se apresuran a señalar que tienen toda la razón. Las Capitalinas hacen una cueca nueva, diferente. En una palabra: trasgresora.
Lo que en un principio fue un hobby, hoy es su razón de vivir. Toman con responsabilidad el papel de la banda en el presente y futuro de la música folklórica chilena y sienten la obligación de superarse para responder a la gente joven que las apoya masivamente interesándose por la cueca urbana y la baila… aunque no sea 18 de septiembre.
Es la cueca vista por ojos femeninos que observan el quehacer de cada día como cronistas privilegiadas. La veta de sus temas en el álbum En El Bar De Verónica es la vida misma con todas sus aristas, algunas bien ingratas: Prostitución, reyertas familiares, incluso una reactualización del eterno “Guatón Loyola”. Para Las Capitalinas es un flaco punk cuya mina, la Carola, es la culpable de la pateadura que recibió  durante una tocata.
Ellas tienen claro que en música está todo hecho y lo que queda por crear tendrá que ser gracias a la fusión. Consecuentes, abren nuevos rumbos a la cueca inyectándole ritmos y estilos que tiene raíces comunes con el baile nacional. Una de esas raíces es lo afro. Toda América recibió gente negra que nos legó costumbres, cantos y ritmos.
En El Bar De Verónica es donde Las Capitalinas asumen toda la responsabilidad. Aquí afilan su trasgresora ironía social. La dueña del bar es una “mujer de la vida” que ha subido de “status”. Su biografía está “clarita” en el tema que abre el repertorio.
Después, entre cuecas de inesperados giros propios de la banda, hay muestras de música de la ‘pobla’ que se escucha mientras litros de ‘chelas’ dinamizan la fiesta. Y por ahí una “cueca light”. Es elegantita, como diciendo “nosotros también podemos hacerlas”. Se titula “Fin”.
Los versos de “Te Dije Wn!!” mantienen el suspenso. ¿En qué momento las chiquillas dirán la palabrita esa? La rima incita al oyente a decirla, pero… tendrán que esperar y sacar conclusiones. Parece que Las Capitalinas nos toman el pelo.
En El Bar De Verónica retrata vivencias de gente que acude a este escenario pre-juerga prostibularia. Una visión femenina filosa, cargada de humor, de mensajes subliminales. En “Ciclos” el silencio de las voces y los floreos del piano nos lleva a preguntar “¿Y esto qué es?”
Las Capitalinas, Nayadeth Godoy (voz, bajo), Karen Alfaro (voz, pandero, acordeón), Valeska Duarte (batería, percusión) y Leslie Picarte (piano y teclados), acostumbradas a este cuestionamiento, tienen la respuesta precisa, desafiante y temible. Su sinceridad y espontaneidad permite suponer que estamos frente a las “cantoras chilenas del siglo XXI”.


 
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LAS TORCASAS


Por:Katyna Huberman

Las Torcazas van para los diez años cantando “cuecas urbanas románticas” como afirma Joyce Valle. Comenzaron en abril de 1998, participando en la fiesta San Bernardina “Abril Cuecas Mil”, donde dieron rienda a su femenina y juvenil inquietud de ocupar un espacio que hasta ese momento parecía reservado sólo para varones. Incluso, no se hicieron problemas para ir a cantar cuecas en dominios masculinos tan exclusivos como la Vega Central metropolitana.
Aparte de audaces, son extremadamente simpáticas. “Les nace del alma” hacer lo que hacen. Joyce tuvo su cuna musical en el grupo Las Chenitas de San Bernardo, bajo la paciente conducción de Elena Valdivia. Otras Torcazas tienen su alero en el Pedagógico de la Universidad Metropolitana donde perfeccionan sus estudios. Todas sus actividades tienen relación con la música.
El conjunto, que confiesa una formación integral en la música de raíz folklórica, no pudo sustraerse a las variables de la vida debiendo cambiar algunas de sus integrantes “según se fueron dando las cosas”. Hoy Las Torcazas que aparecen en el disco Cueca En La Ciudad son: Gabriela Contreras (baterista y voz); Catalina Pérez (bajista y voz); Lilian Riffo (percusionista y voz), Joyce Valle (tecladista y voz) y Romina Núñez (guitarrista y voz).
Originalmente, al grupo se le llamó “Las Torcazas de San Bernardo”. La mayoría se había formado en Las Chenitas, pero con los cambios se integraron muchachas de Talagante, Melipilla y otras comunas de la Región Metropolitana. Todas hacen de todo en la música y con mucha autoridad, consecuencia de su dedicación y estudio. Además, trabajan en diferentes actividades. Estas Torcazas tienen fuerza y se sienten queridas y respetadas por un público que las distingue con su preferencia. Al principio con sorpresa y luego no tanto, se dieron cuenta que durante sus presentaciones era mucha la gente que coreaba su repertorio.
Esta situación las entusiasma porque se sienten incorporadas a un movimiento “gigante” que cada día concita mayor atención entre la gente joven. Su postulado es bien diferente al de los agoreros que pregonan que los festivales folklóricos ya no tienen razón de ser.
Las cuecas de Las Torcazas son románticas, temática que sienten como mujeres. Se alejan de la ironía, picardía y “situaciones puntudas” que caracterizan a la Cueca Brava. El disco Cueca En La Ciudad se caracteriza por introducir a la cueca diversos estilos musicales como el Blues, algo de Jazz, Tango, Bossa Nova, Baladas y Folclor Latinoamericano, realzando con ellos las armonías vocales.
“Somos mujeres chilenas que hacemos música y sentimos el mundo y lo que nos rodea como lo hace cualquier mujer. Más todavía “somos mujeres chilenas independientes, evolucionadas y con ganas de hacer muchas cosas. Incluso, vivimos de la música. Todas nuestras actividades se relacionan con este arte, que dejamos plasmado en nuestro disco Cueca En La Ciudad”. Su dinámica las mantiene atentas a todo lo nuevo, sin excluir “el encantamiento del amor” que las inspira de manera permanente. “Sin el amor, nuestras cuecas no tendrían sentido alguno. Nuestra cueca es evolucionada, femenina. Intervenimos un universo folklórico hasta ahora dominado por los hombres. Eso lo tenemos claro.”



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LOS CHILENEROS


Más que un grupo estable, Los Chileneros fueron una conjunción tan fugaz como determinante en la historia de la cueca, que tuvo una existencia formal sólo para grabar sus primeros discos a mediados de los años ’60 y luego en su reunión histórica en 2003, pero que todo el tiempo permanece como una influencia para generaciones de músicos, desde Los Tres hasta el nuevo frente de cuequeros urbanos. Formado originalmente por Hernán Núñez, el Nano (voz, pandero, tañador y platos), Luis Hernán Araneda, el Baucha (voz y pandero), Raúl Lizama, el Perico (voz, piano, guitarra) y Eduardo Mesías, grabaron el precursor LP La cueca centrina (1967), y más de tres décadas después, reunidos como trío entre Nano, el Baucha y el Perico, dieron un concierto en la Sala SCD del capitalino barrio Bellavista, que dio origien a su disco En vivo
(2003) (biografía en preparación).
Fuente : musicapopular.cl



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LOS CHINGANEROS


Don  Luis Téllez  Viera, integró el  primer conjunto de Los Chinganeros, conjunto creado por don Fernando González Maraboli, investigador folclórico, celebre   estudioso  de los orígenes de la cueca, además de gran compositor y poeta popular.
Don Luis, Y don Fernando, hicieron muchas presentaciones y exhibiciones sobre la cueca, dando a conocer los orígenes de ésta, sus formas mas representativas en el ámbito nacional y urbano. Dichas presentaciones se hicieron tanto con el conjunto Los Chinganeros, como con los Centrinos, y se hicieron generalmente en la peña Chile Ríe Y  Canta  de don René Largo Farias, destacado folclorista nacional, creador de programas radiales y amante de nuestras tradiciones. También se hicieron  presentaciones  el en festival  del Canto a lo Humano y lo Divino, que se realizaba en Puente Alto a principios de los años 70, y en muchos lugares mas.
Actualmente, los Chinganeros siguen la raíz sapiencial y autóctona de las enseñanzas de don Fernando González,  Su sobrino, Luis Castro González, un serio estudioso  de la tradición popular folclórica, además de cultor del canto de la cueca, recibe de su tío, todo ese legado cultural con la gran misión de continuar difundiendo  nuestra cueca urbana, y dejar esta herencia en las generaciones venideras. Se une a dos destacados más dentro de la escuela cuequera,.. Carlos Godoy Hernández, poseedor de una gran voz y un hermoso sonido de pandero, y Eduardo Godoy Hernández, también poseedor de una gran voz, y muy buen exponente de la percusión  de platillos… Ambos hijos de un gran cultor del canto de la cueca, don Carlos Godoy Araya.
Se une también, don Carlos Navarro, poseedor de una gran voz, compositor de cuecas, además de músico, ejecutor del  acordeón piano. También algunas veces acompañó  al conjunto los Centrinos… Don Carlos Navarro, recibió un galardón de manos de  Enrique Maluenda  en su  conocido y rememorado programa “El Festival de la Una” trasmitido  por  Televisión Nacional de Chile, como el mejor avivador de cuecas.
También destaco don Rubén Leiva Carrasco, músico virtuoso en la ejecución de la guitarra… Don Jorge Salinas Andrade, descendiente de familia de músicos y cantores, percusionista en batería. Y don Rafael Andrade Mardones, iniciador del Conjunto los Chinganeros, compositor de hermosas cuecas, y músico ejecutor en guitarra.
Los acompaña Mario González Maraboli, en tormento tañador, hijo del ya fallecido cantor Luis González Flores, conocido como Luchito “el porteño”.
Graban un CD,  haciendo un aporte cultural en el conocimiento de la cueca urbana chinganera, y la sabiduría de don Fernando González, con el aporte  del Fondo de desarrollo de las Artes y la Cultura, del Ministerio de Educación (FONDART).

Pero todo el legado de don Fernando González  queda en manos de su sobrino Luis Castro González, y él continua sus enseñanzas de todo este ramaje lírico, formando escuelas de cantores, y trabajando con jóvenes que han sentido el entusiasmo y la dedicación  del culto de la cueca urbana, formando así la nueva generación de cantores en el conjunto los Chinganeros.
Ellos son: René Alfaro Parra, joven universitario que une a su voz, guitarra, pandero y batería; Diego Rammsy, estudiante de música; Gabriel Rammsy, musicólogo y guitarrista; Felipe Borquez, musicólogo, une el piano y la  acordeón.

 
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2 comentarios:

Marcos dijo...

Hola estaba leyendo tu post de la cueca brava y me di cuenta que haias enlazado los discos de LOS CHILENEROS pero MediaFile ya los bajó hay alguna posiubilidad de que vuelvas a enlazarlos?


Saludos

En Busca De La Música Chilena dijo...

LOS VOLVEREMOS A SUBIR ESTE MES DE NOVIEMBRE 2016

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